Agradezco tu entusiasmo
Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros, como en efecto ya lo hacen. (1 Tesalonicenses 5:11 RVC)
Durante una evaluación de trabajo que se nos hizo hace poco me sorprendió recibir el comentario de que mis colegas no me consideran particularmente alentadora. Eso me afectó mucho, porque siempre consideré que uno de mis fuertes era precisamente mi capacidad de animar a los demás. Eso me llevó a reflexionar profundamente sobre lo que significa en realidad dar aliento. Me di cuenta de que era buena para animar a la gente a hacer algo a mi manera, o a ver algo desde mi punto de vista, pero no para ofrecer elogios desvinculados de algún resultado conveniente para mis intereses.
Lo que aprendí gracias a esa reflexión es que es fácil confundir el estímulo con la manipulación. Aun sin malas intenciones, quizás a veces he dado la impresión de que la gente tiene que hacer algo para complacerme, en lugar de sentirse valorada por lo que es en ese momento, sin presión alguna para que mejore.
Una vez que reconocí ese rasgo en mí misma en un entorno profesional, pude ver sus efectos en todos los demás ámbitos, y en ninguno de forma más evidente que en mi labor de madre. Con demasiada frecuencia mis hijos oían frases del estilo de «¡estás mejorando en eso!» o «¡sé que puedes lograrlo!» Si bien es cierto que esos comentarios no son desmoralizadores, difieren mucho de frases como «¡tu trabajo de hoy ha sido increíble!», o «¡me encanta el entusiasmo que has aportado!» No hay ningún condicionante en esas afirmaciones, y no implican que me gustaría «que lo hicieran todavía mejor».
la semana pasada, al cerrar la sesión de mensajería interna de mi trabajo, le dije a una de mis compañeras: Agradezco tu entusiasmo; ¡me motiva a dar lo mejor de mí! Ella me respondió con múltiples caritas de felicidad. [1]
Elogia hasta el más mínimo avance y elogia cada avance. Sé sincero en tu reconocimiento y generoso en tus elogios. - Dale Carnegie
[1] Conéctate Ánimo