Con una actitud alegre y gentil
Cuando hagan cualquier trabajo, háganlo de todo corazón, como si estuvieran trabajando para el Señor y no para los seres humanos. (Colosenses 3:23 PDT)
Para la mayoría de nosotros, el día a día se repite incansablemente. El despertador nos llama a realizar la misma rutina, y nos parece que no existe posibilidad alguna de realizar algo heroico o por lo que valga la pena vivir.
Me pregunto cuándo aprenderemos a apreciar que llevar a cabo los pequeños quehaceres de la vida de forma precisa, puntual, concienzuda, respetuosa, no buscando los elogios de los hombres, sino que el Señor nos diga: «Bien hecho». No por la paga, sino porque Dios nos ha dado una pequeña obra que hacer en Su gran mundo. No por obligación, sino porque queremos. No como esclavos de las circunstancias, sino pensando en el Señor y haciéndolo «como para el Señor y no para los hombres», como personas a quienes Cristo liberó.
Por eso, ¿no es una lástima que pasemos toda la vida lamentándonos y quejándonos, negándonos a realizar las tareas sencillas como para el Señor con una actitud alegre y gentil?
Es mucho más valioso realizar una tarea insignificante por amor a Dios, la verdad y el prójimo, que una labor relevante sin el Espíritu de Dios. Es mucho mejor sufrir pacientemente cada día mil alfiletazos que morir como mártir en la estaca. Por eso, debemos ser muy cautelosos de no quejarnos de las tareas cotidianas. Estamos formando el carácter que tendremos por la eternidad. [1]
Aunque quisiéramos tener más confianza, ser más hábiles, más entendidos o extrovertidos, debemos aceptar quiénes somos, que somos una creación admirable. - Charles Price
[1] Áncora Dios con nosotros