Él es un faro de esperanza
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12 RV1960)
La canción terminó justo al llegar a casa. «Las luces te guiarán a casa», ¡Qué pensamiento tan sencillo y, sin embargo, tan profundo! Me recliné y cerré los ojos. «Te agradezco que Tu luz siempre me haya conducido a casa», oré.
Recordé muchos momentos en que me sentí sola, perdida, confundida… Y entonces la luz del amor y la bondad de Dios me condujo a casa, me llevó de nuevo a Sus tiernos brazos. Esa luz se me ha presentado de múltiples formas: una amiga que vino a verme justo en el momento oportuno; mis padres; un desconocido que influyó en mi vida y mi modo de pensar; mi marido, cuya pasión por la vida ha sido en muchos momentos como el sol cuando se abre paso entre las nubes en un día tormentoso.
Me di cuenta de que la luz del amor divino siempre ha brillado en mi corazón. Nunca se ha apagado, nunca se ha quedado sin energía, nunca ha mermado. Cada vez que me he detenido a mirar, ahí estaba, lista para conducirme a casa. Él es un faro de esperanza, una luz que nos guía y nos indica el camino que debemos tomar para llegar a nuestro destino, un resplandor que nos hace sentirnos amados en los momentos en que pensamos que no nos lo merecemos.
Cuando alzamos la mirada y hacemos caso omiso de lo que nos rodea, percibimos el fulgor de Su luz. Cada vez que me he detenido y he levantado la mirada, la luz me ha conducido a casa. Y sé que así será siempre. [1]
Dios da esperanzas a quienes sueñan. Concede milagros a quienes creen. Nunca defrauda a quienes confían y nunca abandona a quienes andan con Él. - Nishan Panwar
[1] Conéctate Las luces te guiarán a casa