Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas. (2 Pedro 1:4 RVR1995)
Bien sabemos que la gente no siempre es capaz de cumplir sus promesas; pero Dios siempre lo hace. Él mismo avala Sus promesas. Por eso, tómale la palabra en tu hora de necesidad, y Él no te defraudará.
¿Alguna vez has tenido un amigo en el que podías confiar plenamente, que te era absolutamente fiel aun cuando todo marchara mal? De igual modo, quienes hemos puesto a prueba las promesas de la Biblia y hemos depositado en ellas nuestra confianza cuando no teníamos otro recurso, cuando no nos quedaba ninguna esperanza ni nada en que apoyarnos, hemos descubierto que son absolutamente confiables. Sabemos por experiencia que podemos encomendarnos enteramente a cada palabra que contienen.
Dios no nos pide otra cosa que una fe sencilla. Nos pide que demos crédito a Su Palabra y nos fiemos de Sus promesas sin más. Mucha gente hoy en día considera totalmente ridículo e imposible tomarse las promesas de Dios en serio y al pie de la letra y canjearlas en el Banco del Cielo por aquello que hemos pedido. Sin embargo, eso es precisamente lo que Dios quiere que hagamos.
Todos los días hay gente que, armada de fe y confianza, logra cosas que los escépticos consideran imposibles. Los que tienen fe se atreven a creer las promesas de Dios, se apropian de ellas y actúan en consecuencia. Por ende, obtienen increíbles respuestas a sus oraciones, soluciones para sus problemas y recursos para sus necesidades. Esas grandísimas y preciosas promesas están a tu entera disposición. Dios te las hizo a ti en particular, y Él no incumple Su Palabra. [1]
Este es el secreto de la alegría: dejar de insistir en hacer las cosas a nuestra manera y más bien comprometernos, fácil y sencillamente, a hacerlas como Dios quiere, aceptar Su voluntad y, de esta forma, hallar paz. Evelyn Underhill (1875–1941)
[1] Conéctate Es así porque lo dice Dios