Hacer las paces con Dios

Una sensación de vacío
Sunrise Devotional

¡Mira; respóndeme, oh SEÑOR, Dios mío! Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte… Pero yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación. (Salmos 13:3,5 RVA-2015)

Cuando una mañana temprano mi hijo Steve exhaló su último aliento en una pequeña habitación de un hospital con vista al mar, mi mundo se detuvo. Sentí que Dios me tranquilizaba. Aun así, el impacto de perder a mi hijo me dejó maltrecha bastante tiempo.

El consejo reiterado que todos me daban era: «Déjalo estar y sigue adelante». Pero seguir adelante ¿hacia dónde? Y ¿cómo? En el fondo, estaba resentida y enojada con Dios por despojarme de mi joven hijo tan lleno de vida. Me sentí burlada y vacía.

Finalmente decidí encontrarme con Dios cada mañana temprano, en la terraza, para contarle mis desdichas. Los días se convirtieron en semanas mientras yo descargaba en Él todo mi dolor, mi remordimiento y mi rabia por lo sucedido. «Si el amor es la esencia de Tu naturaleza, como dice la Biblia, ¿cómo me has tratado tan duramente, a mí y a mi hijo?», cuestioné una y otra vez.

Con cuánta paciencia y longanimidad me escuchó.

Lloré, rogué y argumenté hasta que por fin una mañana sentí que había dicho todo lo que quería y ya me había desahogado. Fue entonces —cuando estuve dispuesta a hacer las paces con Dios—, que la serenidad me embargó el alma. Con voz suave y tranquilizadora, Él me empezó a hablar. A partir de ese momento, mis encuentros solitarios con Dios cada mañana en la terraza tomaron otro cariz. Aprendí a prestarle atención y permitirle que me consolara y sanara mi dolor. [1]

Quizás lo más importante que te puedo decir es que Dios te ama y entiende lo que estás pasando. - Rev. Billy Graham

[1] Áncora Superar el dolor

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En Sus brazos estamos salvo