Hallar puntos de convergencia
Con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo posible para salvar a algunos. (1 Corintios 9:22 NIV)
A Jesús no le preocupaba que otros lo acusaran de ser amigo de pecadores porque hacía exactamente lo que el Padre lo envió a hacer: convencer a hombres y mujeres para que hagan las paces con Dios. Asimismo, debemos representar a Jesús, hablar en Su nombre a los que todavía están afuera, por así decirlo. Sin embargo, algunos estamos tan aislados y desconectados de los que no son creyentes que muy pocas veces tenemos conversaciones profundas con ellos.
Las acciones de Jesús indican que nuestra testificación a los que no son creyentes empieza con una amistad. Nos ganamos el derecho a llevar el evangelio por medio de la relación que tengamos con alguien, en la que demostramos que nos preocupa la persona, no solo las estadísticas de bautismo. El apóstol Pablo nos anima a que encontremos puntos en común con quienes no son creyentes. Hallar puntos de convergencia es un acto de amistad; nos guía para que busquemos lo positivo en vez de lo negativo en los que no tienen nuestras creencias.
Cuando Jesús se encontró con la mujer junto al pozo, señaló lo que los dos tenían en común en vez de las cosas que legítimamente Él podría condenar. Por consiguiente, ella no solo hizo amistad con Dios, también llevó a sus amigos y familiares a la presencia de Jesús. [1]
Predique el evangelio en todo momento y si es necesario, use palabras. - San Francisco de Asís