La ley de la retribución
Den, y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo: apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio. (Lucas 6:38 NTV)
Recuerdo que en mi niñez el dinero escaseaba. Nunca pasé verdadera necesidad, pero tampoco tenía tanto como para poder regalar una suma sin notarlo.
En cierta ocasión, un indigente se me acercó a pedirme limosna. En aquel entonces yo tenía 17 años. Desde muy joven mis padres me habían enseñado que la generosidad nos es recompensada. De modo que mentalmente hice el cálculo de cuánto dinero necesitaría para volver a casa en tren y le di lo que me sobraba, equivalente a unos 7 dólares. Me duele admitirlo, pero me costó mucho regalarle el poco dinero de bolsillo que tenía. Si bien no podría decir que obtuve tantos dólares por haber dado aquellos 7, sé que a lo largo de los años he recibido mucho a cambio, suficiente como para creer firmemente en la ley de la retribución.
Cabe notar que no dice que la cantidad que se reciba a cambio vaya a ser la misma que se entregó. Dice que esta determinará la cantidad que se reciba. La verdad es que con frecuencia lo que recibimos es más que lo que hemos dado, como en el caso del niño que entregó a Jesús su almuerzo. Había una necesidad —5.000 personas con hambre— y había un jovencito con una ofrenda de cinco panes y dos peces. Lo que él aportó no era gran cosa; ¡pero hay que ver lo que hizo Jesús con ello!
En el momentos en que pensamos que no nos queda ni una migaja de bondad, de compasión, de tiempo o de lo que sea, conviene que recordemos que Dios tiene abundantes reservas y que a Él no le preocupa que se vayan a acabar. [1]
Suena ilógico: dar cuando tenemos una necesidad para recibir más a cambio. Pero por eso requiere fe. Dios dice que la forma de obtener es dando, no aferrándonos a lo que tenemos. - Rick Warren
[1] Áncora La ley de retribuciones de Dios