Seremos recompensados en el Cielo
Acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mateo 6:20-21)
La Biblia señala que habrá grados de recompensas para quienes sean salvos y que las recompensas se relacionan con nuestra vida para Jesús. Eso da a entender que no será la misma recompensa para todos los cristianos. Algunos descubrirán que aunque son salvos, la vida que llevaron no reflejó el amor de Dios, no vivieron de manera que llevaba fruto en su vida o en la de otras personas, y no acumularon tesoros en el cielo.
Lo que hacemos en nuestra vida marca la diferencia en la otra vida, ya que cada uno recibe lo que le corresponde por lo que ha hecho mientras se encontraba en el cuerpo. Eso no significa que nuestras obras nos salvarán del juicio, solo la fe en Jesús puede hacerlo. Pero sí significa que después de recibir la salvación, la manera en que vivamos se toma en cuenta con respecto a las recompensas. Hay una expectativa de que nuestra fe en Cristo resultará en que nuestras obras y manera de vivir sean como las de Cristo.
La manera en que vivimos es un indicador de nuestra relación personal con Cristo, y la manera en que esa relación personal se manifiesta en nuestra vida, carácter, decisiones, relaciones con los demás, etc., desempeña un papel en las recompensas que recibimos. Cuando vivimos nuestra fe aplicando las enseñanzas de Jesús, actuamos con amor y nos comportamos en obediencia a la Palabra de Dios, con el motivo correcto, seremos recompensados en el Cielo. [1]
Este es el gran secreto de la vida cristiana: no busques tu recompensa aquí. La recompensa es Cristo mismo, y está reservada para la vida venidera. – Elisabeth Elliot
[1] Áncora Recompensas