Un justo medio
Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mateo 23:12 RVA-2015)
La vida terrena de Jesús fue, en muchos sentidos, una vida de humildad y servicio. Su labor se centró en los pobres, los necesitados, los marginados, los más pequeños. En los evangelios hallamos ejemplos de las personas a las que atendió.
«Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio»
Jesús enumera algunas cosas que hacen a lo largo de su vida los benditos de Su Padre: dan de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos, acogen al forastero, visten al que está desnudo y visitan a los enfermos y a los presos. Esos actos de bondad son un reflejo del amor y la benevolencia del Señor.
El ejemplo de humildad de Jesús es algo que se nos recomienda emular. A medida que nos acercamos a Él dedicando más tiempo a concentrarnos en Él, a aprender de Él, a hablar con Él y a darle cabida en nuestro diario vivir, Él cobra más importancia para nosotros y empieza a ocupar más nuestro campo de visión, por así decirlo.
Cuando ello ocurre, traemos a la memoria Su perfección y nuestra falta de ella. Cuando estamos en una correcta relación con Él, el saber que nos ama y nos valora por muy imperfectos que seamos nos ayuda a ser más humildes. Esta sana relación nos lleva a dar con un justo medio entre una saludable autoestima y una auténtica humildad. [1]
Ser pobres en espíritu consiste en que Dios nos dé la actitud que debemos tener hacia nosotros mismos y hacia Él. - D. Blair Smith
[1] Áncora Bienaventurados los pobres en espíritu