Una actitud atenta y comprensiva
No como teniendo señorío sobre los que están a su cargo sino como ejemplos para el rebaño. (1 Pedro 5:3 RVA-2015)
El escritor cartaginés Tertuliano (ca. 160–ca. 225), refiriéndose a los cristianos primitivos, informó que los paganos exclamaban: «¡Ved cómo se aman los unos a los otros!» La consideración de los cristianos y su interés por los demás se evidenciaban en sus actos, actitudes y palabras.
Según leemos en el Nuevo Testamento, uno de los primeros cristianos, de nombre José, tenía una particular aptitud para comprender y alentar a sus congéneres, tanto es así que los apóstoles le pusieron por sobrenombre Bernabé. Demostró su cordialidad y buen juicio al ser uno de los primeros creyentes que confió en Pablo después de la dramática conversión de este.
El propio Jesús fue una persona que daba ánimo a los demás y los motivaba a crecer. Habló con mucha estima de Natanael en presencia de este. Otorgó una nueva identidad a Simón, apodándolo Roca, y a pesar de la vehemencia, las debilidades y los fallos que lo caracterizaban le encomendó la sagrada misión de velar por Sus discípulos.
Los seguidores de Jesús tenemos el encargo de obrar como Él obró, de poner de relieve las mejores cualidades de los que nos rodean, de inspirarles confianza en sí mismos y creer en ellos. Cualquier persona puede dispensar ánimo; para ello no hace falta dinero, ni un intelecto privilegiado, ni dotes particulares. De hecho, es un don que nos concede Dios. Basta con tener una actitud atenta y comprensiva. [1]
Un amigo verdadero conoce tus debilidades, pero te señala tus puntos fuertes; es consciente de tus temores, pero fortifica tu fe; ve tu ansiedad, pero libera tu espíritu; admite tu incompetencia, pero destaca tus posibilidades. - William Ward (1921–1994)
[1] Conéctate Animar a los que nos rodean