Una sensación de vacío

Una sensación de vacío
Sunrise Devotional

Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin precio. ¿Por qué gastáis vuestro dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no satisface? (Isaías 55:1,2)

Recuerdo perfectamente cuando tenía un poco más de veinte años, el día en que, sentado en el cómodo salón de mi casa de clase media alta, sentí un vacío y una inquietud en mi interior que ninguno de los lujosos entornos o artilugios que me rodeaban podía aplacar. En ese fugaz momento percibí la contundente verdad de que las cosas materiales no pueden satisfacernos plenamente ni darnos la felicidad. Me di cuenta de que nuestro espíritu nunca estará satisfecho hasta unirse con el gran y amoroso Espíritu que lo creó. 

Thomas de Kempis puntualizó que «la felicidad del hombre no consiste en la abundancia de los bienes de este mundo, pues le basta con una modesta parte». Yo también he descubierto que tener demasiados bienes me impide disfrutar al máximo de lo que tengo, y que los placeres más sencillos de la vida, que no cuestan mucho, nos proporcionan la mayor felicidad.

Fuimos concebidos como criaturas eternas; por eso la temporalidad del materialismo nos deja una sensación de vacío.

El mayor y más preciado bien que podemos tener es la vida eterna producto de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. Solo Dios puede satisfacer la sed y el hambre de nuestro espíritu, dado que nos creó con un espacio en nuestro corazón que nadie sino Él puede llenar. Disfrutamos de esa satisfacción interior en la medida en que profundizamos nuestra relación con Él. [1]

Nos has hecho para Ti y nuestros corazones no encuentran la paz hasta reposar en Ti. - San Agustín

[1] Conéctate Mesura es cordura

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