Adoptados en la familia de Dios
Por cuanto ustedes son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de Su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también eres heredero de Dios por medio de Cristo. (Gálatas 4:6-7 RVC)
En la Palestina del siglo I, abba era el término que usaban las personas para llamar a su padre a lo largo de su vida. En la lengua aramea que se hablaba en tiempos de Jesús, era una palabra de uso corriente, como papá, Él la empleó en Sus oraciones y enseñó a Sus discípulos a hacer lo mismo, porque refleja la relación íntima, cariñosa y familiar que los creyentes deben tener con Dios.
El uso de abba (padre) por parte de Jesús marca la tónica y pone de manifiesto que con el regalo de la salvación se nos ha dado el privilegio de tener una relación personal con Dios.
Somos hijos de Dios; no de la misma manera que Jesús, pero sí somos hijos por haber sido adoptados en la familia de Dios. Cuando oramos, nos presentamos ante Abba, nuestro Padre. Decir Abba era considerarse hijos y coherederos con Jesús.
Habiendo sido adoptados en la familia de Dios, nosotros también tenemos una relación de hijos con respecto al Padre. Podemos estar íntimamente conectados con Él, como con nuestro padre terrenal. [1]
Jesucristo abre de par en par las puertas que llevan a los tesoros de las promesas de Dios. Y nos invita a entrar y tomar con audacia las riquezas que son nuestras. - Corrie ten Boom
[1] Áncora Hijo amado por el Padre