Con el favor de Dios
Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba porque, cuando haya sido probado, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman. (Santiago 1:12 RVA-2015)
Por mucho que sabemos que Dios es amor, aun los que tenemos fe en Él estamos expuestos a enfermedades, lesiones, aprietos económicos, preocupaciones, temores e incluso a la muerte, tanto como —valga la redundancia— todos los demás mortales. Jesús no doró la verdad; pero al mismo tiempo nos ofreció una formidable esperanza cuando dijo: «En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». (Juan 16:33)
Aunque Dios no siempre resuelve nuestros conflictos ni arregla lo que nos causa contrariedad, todo lo nuestro le interesa. ¡Nos conoce tan íntimamente que hasta sabe cuántos cabellos tenemos en la cabeza! Entiende los laberintos por los que pasamos, aunque nosotros no encontremos palabras para expresar lo que nos sucede, y se compadece de nosotros cuando algo nos duele. Es verdad que no nos libra de sufrir adversidades, pero podemos sacar fuerzas y esperanzas del conocimiento de que Él está con nosotros y nos socorrerá.
Naturalmente, es muy reconfortante saber que contamos con el favor de Dios y que Él hará que todo mal trago y todo trance redunde en bien nuestro. Así y todo, cuando sufrimos reveses, los seres humanos también anhelamos el apoyo y la ayuda de nuestros congéneres. La tristeza y el sufrimiento abundan a nuestro alrededor, y sería quimérico pensar que seremos capaces de resolver todos los problemas que se nos presenten. No obstante, cada uno de nosotros puede poner su grano de arena para aliviar la carga de alguna persona que esté atravesando duros momentos. [1]
Los tiempos difíciles me han hecho comprender mejor lo infinitamente rica y maravillosa que es la vida y que muchas cosas que nos preocupan no tienen la más mínima importancia. - Karen von Blixen-Finecke (1885–1962)
[1] Conéctate Auxilio en tiempos de prueba