Tenemos el amor de Dios

El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.  (2 Corintios 1:4 RV 1960)

Estoy convencida de que Dios quiere alentar a las personas, pero que en muchos casos necesita que seamos nosotros los portadores de ese ánimo. Y, aunque parezca mentira, nosotros tenemos lo que los demás necesitan. ¡Tenemos el amor de Dios, que es poderosísimo! ¡Tenemos el Espíritu del amor y las palabras de amor! Nuestra vida impacta a los demás debido al poder de nuestras palabras. No es necesario que sean palabras profundas ni elocuentes: basta con palabras sencillas, con tal de que satisfagan la necesidad de amor, esperanza, significado y consuelo que tenga la persona a quien se las dirigimos.

Si piensas que no tienes tiempo ni energías, o que no cuentas con las habilidades, no te preocupes: a la mayoría nos pasa lo mismo. No obstante, todos podemos dar a otros por medio de nuestras palabras de ánimo, a través de las cuales nos es posible influir en los demás y propagar el amor de Dios a donde vayamos. En cinco minutos o menos podemos marcar la diferencia en un paradero de autobús, en el metro, al cruzar la calle, en la tienda, en el trabajo, en el colegio, en línea, cuando salimos a dar un paseo y en miles de circunstancias más.

Algo que podemos preguntarnos es: «¿Qué podría decirle a esta persona que la ayude de alguna manera? …que le levante el ánimo, le alegre el día; que haga que se sienta apreciada y valorada; que la haga sentir que vale la pena como persona; que la haga sentirse bien consigo misma y la ayude a creer que su aporte es valioso…» Y después, pidámosle al Señor que nos ayude a tener la fe para decirle lo que sea que Él nos inspire. [1]

Un amigo no te quita el dolor, pero te ayuda a superarlo. - Roberto Fiscer

[1] Áncora Consolar con el consuelo de Dios

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