Cuando servimos

Motivado a servir
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Existiendo en forma de Dios, él no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. (Filipenses 2:6-7 RVA-2015)

Los cristianos hemos sido llamados, como Jesús, a servir. La motivación para servir se halla en las Escrituras. Estos son los motivos que nos impulsan:

- La gratitud: Servir es la respuesta adecuada al trato bondadoso que nos dispensa Dios. «Sírvanle en verdad con todo su corazón; pues han visto cuán grandes cosas ha hecho por ustedes». (1 Samuel 12:24)
- La alegría: Servimos con alegría, no a regañadientes. «Sirvan al Señor con alegría». (Salmo 100:2)
- El perdón: Al igual que Isaías, cuyos pecados fueron perdonados y acto seguido se ofreció a servir, nosotros también servimos para corresponder al perdón que se nos ha concedido. «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado. Y oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré, y quién irá por Nosotros?” ...» (Isaías 6:7-8)
- La humildad: Servimos movidos por la humildad. «Pues si Yo, el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan.» (Juan 13:14,15)
- El amor: Servimos porque amamos a Dios y al prójimo. «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Mateo 22:37–39)

Cuando servimos impulsados por la gratitud, la alegría, la humildad y el amor a Dios y a los demás, lo hacemos con gusto y entusiasmo, independientemente de la situación en que nos encontremos y del medio que Él nos haya indicado, ya sea extraordinario o prosaico. [1]

Si todos los hombres o al menos un grupo exiguo de ellos fueran verdaderos siervos de Dios en el prójimo, pronto el mundo sería de Cristo. - Chiara Lubich

[1] Áncora El servicio

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