Decidir con prudencia
Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3:6 RVA-2015)
Abstenerse de tomar una decisión es de por sí una decisión. Podría referirte un montón de situaciones en que a mí también me costó bastante comprometerme. Pienso que hay varios motivos por los que a veces postergamos lo más posible la toma de una decisión.
Quizá la perspectiva de un futuro inescrutable nos deja perplejos. Al fin y al cabo, por más que intentemos prever las consecuencias de nuestras decisiones, son muchos los factores que escapan a nuestro control y percepción. No es posible saber lo que sucederá.
Las aprensiones sobre el futuro no le impidieron a Abraham iniciar su travesía. Le dijo que sí a Dios y abandonó su casa en Jarán sin saber a dónde se dirigía. Moisés demostró una fe muy parecida al sacar de Egipto a los esclavos hebreos a través del mar Rojo y conducirlos hasta la Tierra de Promisión. Los discípulos de Jesús dejaron sus medios de sustento para seguirlo, una acción que requirió otro tipo de fe.
Quién sabe si Abraham presintió las dificultades que afrontaría: hambre, conflictos familiares, batallas, etc. ¿Se imaginaba Moisés el azaroso viaje que le esperaba a través del desierto? Todo el monte tampoco fue orégano para los discípulos de Cristo. Sin embargo, a la postre se comprobó que todos ellos tomaron decisiones acertadas que contribuyeron a echar los cimientos de nuestra fe.
Si bien pocos de nosotros nos hallamos en circunstancias tan dramáticas como esos héroes bíblicos, todos tenemos que tomar decisiones, grandes y pequeñas. Que Dios nos ayude a decidir con prudencia. [1]
Decidir es enfrentarse valientemente a los asuntos conflictivos sabiendo que, de no hacerlo, quedarán para siempre sin resolverse. - Wilferd Peterson (1900–1995)
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