Hay una línea de llegada
He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. (2 Timoteo 4:7 NVI)
Participé en una carrera muy especial: la Fisherman’s Friend Strongman Run. El recorrido, de 15 km, incluía 30 obstáculos de diversos grados de dificultad. Había lodazales en los que se le hundían a uno los pies rápidamente, y para evitarlo había que mantenerse en movimiento constante. También había tramos en ríos de agua helada, que había que cruzar a nado o vadear, lo que ponía a prueba el aguante de los competidores. Redes, zanjas, neumáticos, pendientes pronunciadas… motivos más que suficientes para decirse interiormente: «Yo no puedo lograrlo». Pero la verdad era que sí era posible.
Un buen amigo nuestro que es un atleta consumado nos dijo entre risas: «Si logran mantenerse en pie llegarán a la meta». En más de una ocasión quedó demostrada la validez de aquellas palabras. Justo cuando sentía que no daba más, que me dolían los músculos hasta casi acalambrarse, pensaba: «Solo tengo que mantenerme en pie y seguir adelante». Paso a paso, obstáculo tras obstáculo, atravesando lodo denso y caliente y corrientes de agua helada, conseguí terminar la carrera.
Mis cuatro amigos y yo cruzamos la línea de llegada juntos, broche de oro que cimentó nuestra amistad. Fue una experiencia increíble, y estamos muy contentos de haber participado en ella.
Aunque está claro que la vida nos presenta su cuota de complicaciones y obstáculos, hay una línea de llegada, y allí nos esperan el Señor y nuestros seres queridos para celebrar. Al igual que Pablo, no considero haberla alcanzado todavía. Simplemente me mantengo en pie con los ojos fijos en Él, sabiendo que cuando llegue el momento cruzaremos juntos esa línea de meta. [1]
Dios promete que nos dará poder celestial en este recorrido; no un aguante a regañadientes, sino la gloria y fortaleza del Cielo. - Mark Stibbe
[1] Áncora Valor para seguir adelante