El Hijo del Dios viviente

16 El Hijo del Dios viviente
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En esto conocerán que el Dios vivo está en medio de ustedes. (Josué 3:10a RVA-2015)

Cuando leemos lo que dice la Biblia sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo —la Trinidad—, se vuelve evidente que Dios es más que una simple fuerza o energía. No se desentendió del universo después de crearlo, sino que se relaciona con Su creación.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se le llama numerosas veces «el Dios vivo». Se le describe como un ser viviente que se relaciona con Su pueblo. En los Salmos, David escribió: «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?» En el libro de Jeremías dice: «El Señor es el Dios verdadero: Él es el Dios vivo y el Rey eterno». Y Simón Pedro respondió cuando se le preguntó quién es Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».

En 2 Corintios 3:3, se refirió a los seguidores como que son «carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo».La expresión «Dios vivo» se emplea para marcar un gran contraste entre Dios y los ídolos que con frecuencia se adoraban en la Antigüedad. Las palabras hebreas con las que se refiere el Antiguo Testamento a los ídolos significan inútil, sin valor, vano, carente o sin sustancia. Los ídolos no tienen vida, son simples imágenes hechas por los hombres, a diferencia del Dios vivo, que actúa y responde.

El Dios vivo —el Ser Supremo que creó el universo y todo lo que hay en él, incluidos nosotros— merece nuestra lealtad, adoración, alabanza y amor. [1]

Dios no puede ser menos que Él mismo. Y Dios es bueno. Y activo. Y fiel. Y se preocupa por nosotros. - Anne Graham Lotz

[1] Áncora El Dios vivo

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