Él vive en ti

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva. (1 Pedro 1:3 NVI)

La Pascua es la celebración de la resurrección de Jesús. Es la celebración del hecho de que está vivo. Derrotó a la muerte, al infierno y a Satanás. Nos redimió de nuestros pecados. Vivió, amó, murió y resucitó por cada uno de nosotros individualmente, y está hoy con nosotros en la misma medida en que lo estuvo con aquellos con quienes transitó la Tierra hace dos milenios.

¡Vive! Durante un breve periodo Sus discípulos no se dieron cuenta de que así era, pues no veían otra cosa que las circunstancias en que se encontraban. Lo acababan de crucificar: había desaparecido y ya no estaba con ellos. Pero eso no duró mucho. La confusión, el temor y la incertidumbre pasaron ni bien se dieron cuenta de que, aunque las circunstancias físicas hubieran cambiado, Él estaba vivo, y de que Su amor, Su verdad, Su compasión, Sus palabras y Sus acciones seguían presentes. Estaba vivo y obraba por medio de ellos para transformar el mundo, para propagar Su verdad y amor, Su redención y Su salvación.

Él sigue tan vivo como siempre, obrando por intermedio de ti para que hagas lo mismo. Sin importar las circunstancias en que te encuentres ni los cambios que hayan ocurrido, y por difíciles que puedan estar las cosas, Él vive en ti. Su poder y ungimiento, y Su Espíritu, están presentes en ti. El poder para cumplir con la misión que encargó a Sus discípulos originales y a todos cuantos respondieron a Su llamado desde entonces, sigue vigente. [1]

La Pascua fue cuando la esperanza personificada sorprendió a todo el mundo viniendo del futuro al presente. – N.T. Wright

[1] Áncora «Si Dios pudo hacer algo así…»

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