Escuchar es un arte

Sepan, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar… (Santiago 1:19 RVA-2015)

Aprendamos de Jesús. Cuando acudimos a Él en oración para expresarle lo que nos preocupa, ¿acaso nos escucha por unos instantes y enseguida nos interrumpe? En muy raros casos. Siempre está a nuestro alcance, siempre está accesible y presto a escucharnos. En todo momento se muestra interesado en conocer nuestra perspectiva de las cosas. Se pone a nuestro nivel. Escucha atentamente lo que queremos decirle y además está pendiente de los sollozos inaudibles de nuestro corazón. Sabemos que nos entiende.

Él se fija en nuestra motivación, no en los errores que hemos cometido ni en los líos que hemos armado. Nunca es áspero, nunca nos habla en tono condenatorio. Siempre nos dispensa misericordia, esperanza y perdón. Por mucho que nos hayamos descarriado, nunca deja de amarnos.

Escuchar a alguien —escucharlo de verdad— es una manifestación de amor. No solo es una expresión de nuestro amor, sino también del amor del Señor por esa persona, un amor incondicional, eterno y perfecto en todo sentido. Si consigues que una persona vea a Jesús reflejado en ti porque le prestas oído con el mismo amor con que Él la escucharía, no te resultará difícil conquistar su corazón para Jesús.

Escuchar a los demás es un arte que puede cultivarse. Hay que partir por tener un deseo sincero de entenderlos, a fin de saber cómo amarlos y ayudarlos. Pide a Jesús el don de la empatía; luego pídele que te ayude a practicarlo ayudando a tu prójimo y conduciéndolo con mucho amor a Su reino celestial. [1]

Nada expresa un interés tan genuino como mirar a los ojos de la persona y escuchar su corazón. - Dexter Yager

[1] Áncora La comunicación eficiente empieza aquí

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