Está bien empezar con poco
No menosprecien estos modestos comienzos. (Zacarías 4:10 NTV)
La primera carroza no tirada por caballos la construyó en 1769 un francés llamado Nicholas-Joseph Cugnot. Era una enorme carreta de tres ruedas impulsada a vapor y que andaba a la vertiginosa velocidad de 3,6 kilómetros por hora.
Difícilmente que en aquella época alguien hubiera podido encontrarle alguna ventaja al carruaje sin caballos de Cugnot. Era muy caro, ruidoso, y hasta el peor jamelgo avanzaba a mayor velocidad. No obstante, esa primera carroza sin tracción animal dio lugar a una revolución. A veces nos conviene recordar que está bien empezar con poco, a partir de una idea que parece una locura, y observar si a partir de dicha concepción surge algo importante.
Jesús destacó así la capacidad que tienen las pequeñeces de convertirse en algo grande:
«El reino de los cielos es como un grano de mostaza, que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas». Asimismo les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa.»
Si prestamos oído a los susurros de Dios en nuestro interior y permanecemos en sintonía con Su plan para nuestra vida, hasta lo que parece imposible se puede hacer realidad. [1]
Nunca desprecies los comienzos modestos ni menosprecies tus propios logros. Recuérdalos y sírvete de ellos como inspiración para pasar a lo siguiente. Cuando te aventuras fuera de tu zona de comodidad, sea cual sea el punto de partida, ya eso es algo importante. - Chris Guillebeau
[1] Conéctate Pequeños comienzos