Esperanza y un sentido de valía
Con amor eterno te he amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia. (Jeremías 31:3 RVA-2015)
Los múltiples relatos que Victor Hugo teje en Los miserables cautivan y dejan huella. Mi favorito es el del expresidiario Jean Valjean y el obispo de una pequeña ciudad. Tras ser rechazado por casi todo el mundo cuando pide alojamiento en el sector, Jean se presenta en casa del obispo. El obispo se apiada de él y lo invita a cenar.
El obispo acompaña a Jean a su habitación y le da las buenas noches. De madrugada Jean se despierta pasa sigilosamente por delante de la alcoba del obispo y lo ve durmiendo plácidamente. Se dispone a forzar la cerradura del armario que guarda la platería, pero descubre que no estaba cerrada. La mete en su bolso, corre por el jardín y se pierde en la noche.
A la mañana siguiente el ama de llaves está consternada. Le dice al obispo que ha desaparecido toda la platería. Entonces llaman a la puerta y entran unos policías escoltando a Jean Valjean. Los policías declaran que encontraron a Jean con un bolso de platería, pero el obispo los interrumpe. Sonriendo dice: ¡Ah, Jean, ¡me alegro de verte! También te di los candelabros. ¿Por qué no te los llevaste? Los policías se marchan.
El obispo le entrega los candelabros a Jean y le dice que se vaya en paz. Pero antes, lo insta a convertirse en un hombre honrado. Con el tiempo Jean Valjean se hizo conocido por su bondad y generosidad. Salvó además muchas vidas gracias a su valentía y sinceridad. La compasión del obispo fue el punto de inflexión para Jean: le dio esperanza y un sentido de valía. [1]
Aunque seamos imperfectos, Él nos ama perfectamente; aunque nos sintamos perdidos y sin brújula ni guía, el amor de Dios nos rodea por completo. - Dieter F. Uchtdorf
[1] Conéctate Los candelabros del obispo