Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son huerto de Dios, edificio de Dios. (1 Corintios 3:9 RVA-2015)
Dios quiere y merece ser un socio activo en la empresa de nuestra vida; y mientras más nos asociemos con Él, más nos beneficiaremos de esa sociedad.
Un componente clave en esa sociedad es estar a Su disposición, que pueda contar con nosotros.
- A Su disposición, en el sentido de ser sensibles para cuando Él quiera comunicarse con nosotros y estar dispuestos a escuchar lo que quiera decir.
- Que pueda contar con nosotros en el sentido de abrirnos y ser agentes de Su propósito en la vida de otras personas, ser un medio que Él emplea para comunicarse con quienes todavía no tienen una relación con Él.
Nuestra disposición en el aspecto espiritual y práctico es nuestra declaración al Señor de que Él es un socio de pleno derecho en nuestra vida, que queremos que participe en todo lo que hagamos. [1]
Dios ha escogido concedernos el privilegio de ser Sus socios tanto en los aspectos físicos como en los espirituales de nuestra vida. Por medio de la oración trabajamos con Él para derrotar a las fuerzas del mal y para propiciar el cumplimiento de Sus amorosos designios en el mundo. ¡Qué privilegio es ser socios de Dios! ¡Y qué incentivo para orar! Herbert Vander Lugt
[1] Áncora Socios de Dios