La constante compañía de Jesús
Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre. (Salmos 23:3 RVC)
Cuando conocí a Jesús, mi vida se transformó en algo así como un paseo en bicicleta, concretamente en tándem. Yo iba en el asiento delantero conduciendo; Él iba en el de atrás y me ayudaba a pedalear. No recuerdo en qué momento Él me propuso que cambiáramos de asiento. Ese día mi vida dio un vuelco. ¡Él le agregó emoción al paseo!
Cuando yo manejaba, iba por rutas conocidas. Mas cuando Jesús tomó el manubrio, eso cambió. Él conocía rodeos muy entretenidos que nos llevaban cuesta arriba por las montañas y tenían tramos por los que bajábamos a velocidades vertiginosas. ¡Tenía que agarrarme con todas mis fuerzas!
A veces, un poco inquieto, le preguntaba: ¿Adónde me llevas? Riéndose, respondía: Es una sorpresa. Poco a poco aprendí a confiar. Dejé atrás la vida de tedio que había llevado hasta entonces y me lancé a la aventura.
Jesús me llevó a conocer gente provista de los dones que me hacían falta: amor, curación, aceptación, gozo. Esas personas me regalaron sus dones para que los llevara en mi viaje —la travesía en la que estaba embarcado con el Señor. Luego Él me dijo: Distribuye los dones. Eso hice. Entonces ocurrió algo de lo más curioso. Descubrí que, mientras más repartía los dones, en mayor medida disponía de ellos para mi propio uso y para repartir entre las personas.
Al principio no me fiaba de Jesús. No me hacía gracia que Él dirigiera mi vida; pensaba que la iba a echar a perder. Estoy aprendiendo a no preocuparme y a no desear controlar nuevamente mi vida. Me limito a relajarme, disfrutar del panorama y de la fresca brisa que me golpea el rostro y deleitarme en la constante compañía de Jesús. [1]
¿Qué nos deparará el futuro?, pienso yo.
Mas a menudo en Su sabiduría Dios
lo oculta, pues así quizás
a Él nos aferramos más.
Nos guiará hasta el final…
¡Él prometió! - Norman Clayton (1903–1992)
[1] Conéctate En tándem por la vida