El poder para sanar

Como cristianos se nos ha conferido el poder para orar por los personas, como lo evidencian las palabras de Jesús, el mandamiento que dio a Sus discípulos en ese sentido, Su ejemplo y el de los primeros discípulos. Cuando oramos por la curación de una persona, abrimos la posibilidad de que el Señor le manifieste Su amor y poder.

Su Palabra es clara: ¡La curación está a nuestro alcance! A los creyentes nos ha conferido el poder de sanar. Nos envió como discípulos a predicar el Evangelio y sanar a los enfermos. El Espíritu Santo, que mora en nuestro interior, ha puesto el don de la curación a nuestra disposición. Cuando oramos por los enfermos, éstos sanarán conforme a la voluntad de Dios. ¡Qué don más maravilloso! ¡Qué oportunidad de cambiar vidas! ¡Qué tremendo vehículo para demostrar a la gente el amor de Jesús, la compasión de Dios!

Puede que no conozcamos las implicaciones teológicas, ni todos los diferentes métodos. Puede que no entendamos del todo a qué se debe que algunos se sanan y otros no. Lo que sí sabemos es que en nuestra calidad de cristianos tenemos a nuestra disposición el poder para sanar, para atender espiritualmente a las personas y guiarlas a la salvación.

Quiera Dios que Su poder y compasión nos motive a utilizar todo medio a nuestra disposición, incluido el poder de la curación para cumplir nuestra misión de introducir a Jesús en la vida de los demás. [1]

También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. – Papa Francisco

[1] Áncora Curación divina: Un toque de gracia

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La constante compañía de Jesús