Las palabras que emitimos
Panal de miel son los dichos agradables; son dulces al alma y saludables al cuerpo. (Proverbios 16:24 RVA-2015)
Unas cuantas palabras, enunciadas por personas sencillas, pero llenas de amor y del Espíritu del Señor, pueden repercutir de forma tangible e impactante en la vida de aquellos a quienes fueron dirigidas.
Hay tantas situaciones en las que, si nos detenemos y reflexionamos en ello, podemos pronunciar palabras sencillas, corteses, que causen impacto en los demás. Resulta útil pensarlo con un poco de anticipación.
Qué se podría decir en situaciones como éstas, que probablemente encontrarás: ¿A un amigo que pasa por una mala racha? ¿A un niño? ¿Al jefe? ¿A un profesor? ¿A alguien con una hermosa sonrisa? ¿A una señora mayor que ha envejecido con dignidad? ¿Al vigilante nocturno? ¿Al jardinero? ¿A la persona que barre la calle? ¿Al empleado de una tienda?
Las palabras que emitimos —que parecen decirse con naturalidad, que son muy comunes, exiguas, insignificantes y a menudo poco elegantes— pueden de hecho tener un valor incalculable y ser de gran consecuencia para quien —o quienes— se dirigen. Lo que nos parece muy poca cosa, puede ser alimento para un alma hambrienta, o agua para un hombre que se muere de sed. Lo que damos que nos cuesta muy poco y parece muy pequeño en el orden del universo, para otra persona puede significarlo todo. [1]
Las palabras amables pueden ser cortas y fáciles de decir, pero sus ecos son realmente infinitos. - Madre Teresa
[1] Áncora ¿Casi nada o todo?