Lo correcto es correcto
No hay nada encubierto que no llegue a revelarse, ni nada escondido que no llegue a conocerse. Así que todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se dará a conocer a plena luz, y lo que han susurrado a puerta cerrada se proclamará desde las azoteas. (Lucas 12:2-3 NVI)
Como creyentes que procuramos vivir conforme a nuestra fe, tenemos el desafío de remontarnos por encima de nuestra naturaleza pecaminosa, por la gracia de Dios. Todos tenemos la tentación de tomar un camino más fácil con respecto a la moral, ser menos honrados, basar algunas decisiones en lo que creemos que es mejor para nosotros en vez de lo que sea correcto. Esa es la naturaleza humana, el resultado de la caída del hombre.
Hemos sido llamados a vivir tanto en privado como en público conforme a los valores divinos que hemos adoptado. Debemos tomar esa misma decisión o actuar del mismo modo tanto cuando nadie esté presente como en los casos en que somos observados. La integridad es optar por hacer lo que está bien, no porque alguien esté mirando, sino porque nos hemos comprometido a hacer lo correcto. Es un compromiso interno en vez de algo basado en circunstancias externas. Lo correcto es correcto, independientemente de si alguien está mirando, y lo que está mal está mal, aunque nadie esté observando.
A la larga, optar por la integridad siempre vale la pena; y obrar mal en secreto tarde o temprano nos causará problemas, ya sea en consecuencias visibles o en el grave efecto en nuestra alma, conexión con Dios y en las relaciones con otras personas. [1]
No estoy destinado a ganar, pero estoy obligado a ser sincero. No estoy obligado a tener éxito, pero estoy obligado a vivir a la altura de la luz que tengo. - Abraham Lincoln (1809 - 1865)
[1] Áncora Integridad, 1ª parte