No siempre es complicada
¡Él te ha mostrado, oh mortal, lo que es bueno! ¿Y qué es lo que espera de ti el Señor?: Practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios. (Miqueas 6:8 NVI)
Juan el Bautista tradicionalmente se describe a Juan como un maestro de gran celo. Como es lógico, también exigía bastante a sus seguidores. En una ocasión estos le preguntaron a Jesús: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y Tus discípulos no ayunan?» Quizás en aquella pregunta había incluso un deje de recriminación mojigata, como si quisieran dar a entender que ya era hora de que Jesús exigiera más a Sus discípulos.
Jesús respondió: «¿Pueden acaso estar tristes los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Ya llegará el momento en que les faltará el novio; entonces ayunarán». Como si les quisiera decir: «Tranquilos. Ya vendrán las tribulaciones. Disfruten de estos momentos de paz mientras duren».
A veces todos nos dificultamos la vida innecesariamente exigiéndonos más de lo que Dios espera de nosotros. Complicamos lo que debería ser sencillo. Al fin y al cabo, lo que más quiere Él de nosotros es que amemos.
Si bien es cierto que hay ocasiones en que el camino se pone duro o nos vemos obligados a tomar decisiones que alterarán el curso de nuestra vida, cuando no estamos atravesando esos momentos críticos tal vez deberíamos dejar de tirarnos de los pelos tratando de entender y resolver detalles intrascendentes. De lo contrario podemos acabar perdiendo la plenitud de gozo y la paz que nos concede la presencia de Dios.
La vida no siempre es complicada, ni las decisiones son siempre críticas. No lo olvidemos y, cuando sea oportuno, distendámonos un poco. [1]
Las alegrías sencillas son las más hermosas; son las que, al final, resultan ser las más grandes. – San Francisco de Asís
[1] Conéctate Una actitud descomplicada