Obtener el perdón del Señor
Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz. (Santiago 5:16 NVI)
Además de confesar nuestros pecados a Dios, las Escrituras también hablan de confesar ante los demás. Los católicos, los ortodoxos y algunos anglicanos— siguen las instrucciones de confesar sus pecados a los demás dentro del sacramento de la confesión cuando confiesan ante el sacerdote. En general, en la fe protestante la confesión se hace únicamente ante Dios en la privacidad del tiempo personal de oración. En algunos servicios protestantes el pastor llama a un tiempo de silencio para dar lugar a que los fieles confiesen sus pecados al Señor en privado.
Si bien confesar nuestros pecados es generalmente un asunto entre el individuo y Dios, como hemos visto en los versículos anteriores, hay ocasiones en que se nos manda confesar nuestros pecados los unos a los otros.
Hay ocasiones en que un individuo confiesa sus pecados al Señor pero siente que con eso no basta; no tiene paz de que su confesión haya restaurado su relación con el Creador. En una situación de ese tipo puede resultar beneficioso confesar el pecado ante un hermano o hermana en el Señor, alguien de confianza.
Como cristianos, uno de nuestros objetivos es cultivar una relación profunda y duradera con Dios por medio de Jesús. Dado que el pecado nos separa de Dios, queremos evitar incurrir en él; sin embargo, como seres humanos que somos, es imposible quedar completamente libres del pecado. A causa de ello, confesar nuestros pecados y obtener el perdón del Señor es clave para mantener la relación que deseamos tener con Él. [1]
La confesión es un acto de honestidad y valentía, un acto de encomendarnos, más allá del pecado, a la misericordia de un Dios amoroso y misericordioso. - San Juan Pablo II
[1] Áncora La confesión