Sabiéndose amado por Dios

Sabiéndose amado por Dios
Sunrise Devotionals

Con amor eterno te he amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia. (Jeremías 31:3 RVA-2015)

¡Ojalá pudieras conocer a tres personas que me causaron honda impresión este último año!
La primera fue un ayudante de camarero que desde su silla de ruedas me despejó la mesa con tanta simpatía y encanto que no me sorprendió que a la salida el gerente me dijera que lo consideraba su empleado más valioso. —Creo que son más las personas que vienen por él que por la comida —me confió bromeando.
La segunda es un mendigo invidente. Su sonrisa y las efusivas bendiciones que prodiga me inducen a buscarlo cada vez que paso por donde suele estar. 
La tercera fue una cajera de mediana edad que después de quién sabe cuántas horas de estar de pie me deseó: «¡Que tenga usted un buen día!», con una sinceridad tal que renovó mis ánimos. 

¿Qué hace que personas como esas tres nos provoquen envidia, tal vez no de sus circunstancias, pero sí de su alegre temperamento? Como ángeles camuflados, esos insospechados paladines de la buena voluntad parecen exclamar: «¡Únete a nuestra cruzada!»

Queriendo descubrir el secreto de su buen talante, busqué un denominador común: cómo es que logran, además de superar su suerte adversa, arrastrar a otros consigo. Y creo que lo hallé: albergan tanta gratitud que no pierden el tiempo deseando haber nacido bajo mejor estrella. Solo sabiéndose amado por Dios, con la consiguiente seguridad que ello inspira, puede uno tener una actitud tan victoriosa. [1]

Aunque estemos incompletos, Dios nos ama por completo. Aunque somos imperfectos, Él nos ama a la perfección. […] Él nos ama a todos sin excepción, aun a los toscos, los rechazados, los difíciles, los afligidos y los quebrantados».  Dieter Uchtdorf

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[1] Conéctate El común denominador

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