Por Sus atrios con alabanza
¡Den gracias al SEÑOR! ¡Invoquen su nombre! Den a conocer entre los pueblos sus hazañas; recuerden que grande es su nombre. (Isaías 12:4 RVA-2015)
La alabanza es un elemento fundamental de la adoración, puesto que implica un reconocimiento verbal de las virtudes de Dios. Cuando lo alabamos, lo adoramos por Sus atributos. La acción de gracias es también parte integral de la adoración. Agradecemos a Dios por todo lo que ha hecho y continúa haciendo, particularmente nuestra salvación. «Todas Tus maravillas contaré. En Ti me alegraré y me regocijaré; cantaré alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo.»
Cuando acudimos ante el Señor, adorándolo por lo que es y lo que ha hecho, generalmente tomamos una conciencia más nítida de nuestra humanidad, en el sentido de las limitaciones, flaquezas, defectos y pecados que tenemos como seres humanos. Ello nos pone en una actitud de humildad y contrición.
Cuando entramos por Sus puertas con acción de gracias y por Sus atrios con alabanza… cuando agradecemos a Dios y bendecimos Su nombre y todos Sus atributos… cuando le expresamos nuestro profundo amor… cuando lo veneramos, lo honramos y ensalzamos Su magnificencia, y cuando acudimos ante Él en humildad y contrición, lo adoramos como Él quiere que se lo adore: en espíritu y en verdad.
Se nos llama a los creyentes a adorar tanto en privado como en público o en sociedad. Se espera que de tanto en tanto rindamos culto a Dios en compañía de otros cristianos. Cuando nos reunimos con otras personas para alabar al Señor y para orar en conjunto, hay elementos que no se dan cuando adoramos y oramos solos. [1]
Adorar significa percibir la grandeza, la belleza y la bondad de Dios, así como su presencia. - Padre Raniero Cantalamessa
[1] Áncora Alabanza y adoración