Sabe que una tormenta da miedo
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando pases por los ríos, no te inundarán. (Isaías 43:2a RVA-2025)
Hay un lugar que llegué a conocer.
Aunque mi corazón y mis fuerzas flaqueen,
mi alma cuenta con un ancla.
Puedo afirmar que está todo en orden.
Entoné la letra de esta canción una y otra vez con la esperanza de que la repetición me aportara algo de paz. Sin embargo, la paz no se hacía presente. Mi alma estaba turbada, hasta aterrada, diría. ¿Dónde está Dios en este lío? ¿Dónde está Dios en esta incertidumbre?
Estoy segura de que mi sollozo sonaba exactamente como el de los discípulos de Jesús cuando quedaron atrapados en una tormenta en medio del mar. Jesús dijo a sus discípulos «¿Por qué están asustados? ¿Cómo no tienen fe?» Jesús no les hizo esa pregunta porque tuvieran miedo de la tormenta, sino porque cuestionaron si a Él le importaba o no.
En las mismas me encontraba yo dando pábulo a temores parecidos: Dios, ¿acaso no te importa? A Dios no le importa que reaccionemos con miedo —sabe que una tormenta da miedo—, pero nos dice que Jesús está en la barca con nosotros y no tenemos por qué cuestionar si se preocupa o no.
A veces todo parece demasiado, la paz me evade y, al igual que los apóstoles, me pregunto si a Dios le importa.
Naturalmente, Jesús está conmigo en mi barca y claro que le importa. Volví a leer el relato. Canté los versos de ese hermoso himno una y otra vez invitando a la paz a retornar a mi alma, y efectivamente, me invadió. [1]
La paz de Dios no es la calma después de la tormenta. Es la firmeza durante la tormenta. - Dra. Michelle Bengtson
[1] Conéctate Mares agitados