Su derrotero
No les ocultaremos estas verdades a nuestros hijos; a la próxima generación le contaremos de las gloriosas obras del Señor, de su poder y de sus imponentes maravillas. (Salmo 78:4 NTV)
Soy madre de cuatro adolescentes y jóvenes adultos. Recuerdo los más de 20 años de embarazos, bebés, niños pequeños —y después más grandecitos—, desorden y regueros, viajes, maletas, colegios, planificación, alimentación, limpieza, abrazos, prestar oído —y hacer oídos sordos: no necesito oír por enésima vez lo que les sucedió en Minecraft—, fiestas de pijamas, reuniones de juego, cumpleaños y el rosario de cosas que conlleva criar seres humanos bien adaptados, o al menos eso espero.
Siendo madre joven buscaba una fórmula mágica. Estaba convencida de que si lográbamos mezclar todos los ingredientes correctos, dosificados en su justa medida, produciríamos niños estupendos. Hoy te hago un favor al decirte que abandones totalmente esa idea.
No hay nada que se pueda hacer para garantizar determinado resultado. Esa es la conclusión inapelable. Es lo más importante que he aprendido en dos décadas de criar hijos. Sé que suena ilógico y tal vez sea desconcertante. Pero también puede resultar liberador: tus hijos pueden terminar en buenas condiciones por mucho que te equivoques. Y aunque lo hagas todo tan bien como sea humanamente posible, puede que el camino les resulte dificultoso.
Su derrotero va a parecerse mucho al tuyo. Van a aprender algunas cosas de sus padres por las buenas y otras por las malas. Habrá otras personas con las que se relacionarán y que contribuirán a la trama de su vida. Habrá también partes que serán asunto exclusivo entre ellos y Dios. Él los buscará y procurará llegar a su corazón como lo hizo contigo. Eso es lo que hace que los niños de hoy sean la esperanza del futuro.
No queremos limitar lo que Dios puede hacer en nuestros hijos al intentar criarlos solos. Confíe en que Dios cuidará de ellos. - Stormie Omartian
[1] Conéctate Lo que sé hoy