Un amor abundante, profundo y cabal

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. (Marcos 12:30 NVI)

Esa es una declaración sumamente apasionada. Los cristianos estamos llamados a amar a Dios con todo nuestro ser, con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Se nos insta a manifestar un amor abundante, profundo y cabal, un amor total que implica darlo todo.

Tan apasionado es Dios en Su deseo de trabar relación con nosotros que envió a Su único Hijo, Jesús, con la misión de que sacrificara Su vida en la cruz y así salvara la brecha que existía entre Él y la humanidad. Tal es la magnitud del amor que abriga por nosotros. Así de intenso es Su deseo de relacionarse con nosotros.

Él ama apasionadamente a la humanidad. Te ama a ti con pasión. Nos ama apasionadamente a todos. Y con esa misma pasión nosotros ansiamos relacionarnos con Él, tal como dice el versículo: «Nosotros lo amamos a Él porque Él nos amó primero». (1 Juan 4:19) Podríamos parafrasear ese concepto y decir que lo amamos con pasión porque Él nos amó primero con pasión.

Para comunicar el profundo amor y la pasión que siente por nosotros, Dios empleó en la Biblia un lenguaje y una simbología en la que se revela a Sí mismo como casado con nosotros. Dijo: «El que te hizo es tu esposo; Su nombre es el Señor Todopoderoso». (Isaías 54:5) Esta y otras metáforas conyugales describen la pasión que Dios siente por nosotros. Reflejan la apasionada unión de corazón, mente y espíritu que Él desea que haya con cada uno de nosotros. [1]

Enamorarse de Dios es el mayor idilio que existe; buscarlo, la mayor de las aventuras; encontrarlo, el mayor logro del ser humano. - San Agustín

[1] Áncora Cultivar una pasión por Dios

Previous
Previous

Hacia el futuro con fe

Next
Next

Puedes contar con él