Un sentido de pertenencia
Y lo comerán allí, delante del Señor su Dios, y harán fiesta junto con su familia. (Deuteronomio 14:26 RVA-2015)
En un hogar italiano, una comida es un acontecimiento. No se trata de tomar un bocado a toda prisa; más bien es una ocasión de intercambiar anécdotas, charlar, debatir, expresar esperanzas y deseos. Casi sin darse uno cuenta, pasan dos horas, y tal vez hasta más. No es necesaria ninguna otra actividad de esparcimiento vespertino: la comida en sí es lo más destacado.
Tal vez no siempre tengamos ocasión de disfrutar de un banquete a la italiana. En todo caso, a pesar del ajetreo de la vida, seguramente podemos encontrar formas de disfrutar juntos de las comidas. Muchos trabajos de investigación dan cuenta de los beneficios de comer juntos en familia. La oportunidad de conversar en la mesa contribuye a estrechar los lazos familiares, generar afecto, seguridad y un sentido de pertenencia.
Los más jovencitos aprenden modales: pedir que les pasen la comida, no apoyar los codos en la mesa y comer lentamente son cosas que hacen que la experiencia resulte placentera.
Cualquiera que sea la composición de tu hogar —aun si vives solo—, tomarse el debido tiempo para disfrutar de las comidas favorece la digestión y contribuye al bienestar emocional. Las comidas son también una ocasión ideal para orar por nuestras necesidades específicas y dar gracias a Dios por lo que ha hecho.
Mi visita a Italia me llevó a hacerme el firme propósito de convocar a las personas de nuestra familia a sentarse juntas a la mesa con la mayor frecuencia posible. No es solo cuestión de disfrutar de la comida, sino también de generar lazos perdurables de afecto, alegría y unión. [1]
Señor, siéntate a nuestra mesa,
sea adorada Tu grandeza,
y cúmpleme un día este anhelo:
celebrar contigo en el Cielo. - John Cennick (1718–1755)
[1] Conéctate Comer, orar y permanecer juntos