Alimento espiritual
Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una cosecha hasta cien, sesenta y treinta veces más. (Mateo 13:23 NVI)
En Mateo 13 se cuenta la parábola del sembrador, refiriéndose a la semilla como la Palabra de Dios. Debemos cuidar de la tierra de nuestro corazón, de modo que la semilla eche raíz y crezca la planta.
A fin de que nuestro corazón sea buena tierra que lleva fruto, necesitamos apasionarnos con la Palabra de Dios. Debemos hacer que la lectura y el estudio de la Palabra de Dios sean un hábito fundamental en nuestra vida. Fijamos la hora de nuestras comidas. De igual modo, deberíamos fijar la hora para recibir alimento espiritual.
Dios no pretende que Su Palabra solo sea estudiada, ni que solamente esté oculta en nuestro corazón. Él quiere que se viva y se aplique en el campo de batalla de la vida, en las situaciones más difíciles que enfrentamos. La Palabra de Dios nos es dada para proporcionarnos fuerzas y esperanza, para sacarnos adelante durante la tribulación y hacernos vencedores. Claro, a fin de que aprovechemos ese poder, necesitamos estudiar la Palabra con regularidad y hacer de ella una realidad en nuestra vida cotidiana.
La vida cotidiana puede ser una lucha. La vida está llena de desafíos. Sin embargo, también se libra una lucha espiritual. Como integrante del equipo de Jesús, querrás abastecerte de la Palabra de Dios, atender el terreno de tu corazón y protegerte de los ataques del equipo de Satanás. El plan que Satanás tiene para ti no es bueno, así pues, aprovecha la protección de la Palabra de Dios contra las malvadas intenciones del Diablo. [1]
Da a la Palabra de Dios importancia, tiempo, atención y un lugar en tu vida cotidiana.
[1] Áncora Tres recordatorios