Una mejor oyente
El que responde antes de oír comete insensatez y deshonra. (Proverbios 18:13 RVA-2015)
Me subí al avión que me llevaría de regreso a casa. Un caballero se sentó en el asiento contiguo al mío. Al rato, Andrew y yo estábamos enfrascados en una amena conversación. Durante algunos años se había dedicado a llevar equipos de compañeros de trabajo, muchos de ellos con cargos directivos, en excursiones de aventura por zonas inhóspitas de Sudáfrica, experiencias que los exigían al límite.
Al verse en situaciones de gran exigencia física y ante pruebas de índole emocional, y sintiéndose además tremendamente asustados, empezaban a transformarse. Adquirían perspectivas distintas y percibían aspectos de sí mismos y de sus colegas que antes no veían ni entendían. En la mayoría de los casos volvían a su hogar y a su trabajo habiendo resuelto importantes cuestiones personales.
¿cuál dirías que ha sido el asunto o problema que más frecuentemente ha habido que resolver en esos grupos de personas? —le pregunté.
«La comunicación. El asunto más complicado casi siempre es la comunicación. ¡Hablan hasta por los oídos! Lo que casi nadie hace bien es escuchar». Andrew ahondó en el tema y explicó que la comunicación no es tal si las personas no se entienden.
No sé si comprometerme a ser una mejor oyente hasta el día en que me muera sería muy realista, pero sí me he propuesto hallar más personas a las que pueda escuchar con atención. ¿Por qué habría de limitarme a mis propios pensamientos cuando puedo beneficiarme de los de los demás y en particular de los de Dios? [1]
Que nos escuchemos unos a otros es raro, excepcional. Cuando escuchamos siempre sucede algo. - Peter Kreeft
[1] Conéctate Oír para entender