Unas promesas extraordinarias

No privará del bien a los que andan en integridad. (Salmo 84:11RVA-2015)

Aunque Dios vive en la dimensión celestial, obra en el mundo real. No solo reparte recompensas de índole espiritual, sino también bendiciones tangibles, visibles y materiales, de esas que se miden en pesos, dólares y euros. Es Dios del Cielo y también del mundo terrenal. Trasciende ambos mundos, reina y vive en ambos, domina en ambos y crea en ambos, y tiene poder para pagarnos en ambas monedas.

Debemos aprender a encomendarle nuestras necesidades materiales y confiar en que nos dará todo lo que nos haga falta, no solo lo espiritual como felicidad, paz interior y un propósito en la vida. Él tiene el mismo poder, la misma capacidad y la misma voluntad de concedernos los bienes tangibles y prácticos que necesitamos.

No debemos limitar a Dios con lo que especulamos que es capaz de hacer. Hay que tener en cuenta que Su influencia se extiende a todo y que puede llevar a cabo milagros no solo en la esfera espiritual, sino también en el terreno físico. Puede concedernos bendiciones tanto prácticas como espirituales. Es más, podemos tener la certeza de que lo hará.

En Su Palabra, Dios nos ha hecho unas promesas extraordinarias, promesas que Él tiene intención de cumplir. Nos las ha hecho Dios, que es veraz y nunca miente. Nos hace promesas porque desea que las creamos y las reivindiquemos, a fin de poder concedernos todo lo que nos tiene reservado. [1]

Ruega sin descanso para que la voluntad de Dios se cumpla cabalmente con relación a tu vida. Si haces esto, encontrarás que ese camino te conduce a la tierra de la paz y la quietud. - Tomás de Kempis (1380–1471)

[1] Conéctate El factor Dios

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