Porque yo, el SEÑOR, soy tu Dios que te toma fuertemente de tu mano derecha y te dice: ‘No temas; yo te ayudo’. (Isaías 41:13 RVA-2015)
¿Por qué a veces postergamos las decisiones o evitamos dar los primeros pasos indispensables? En muchos casos la culpa es del temor, que nos inmoviliza. En mi propia vida, el temor se manifiesta de diversas maneras. Reconozco que a veces tengo miedo de fracasar o de cometer un error, o de lo que algo pueda costarme en términos de trabajo arduo y sacrificio.
Esos no son los únicos temores que nos frenan. A veces dar el siguiente paso significa pedir asesoramiento, ayuda económica o permiso. En esos casos aflora el temor al rechazo. Aunque no nos molestemos en analizar e identificar nuestras emociones y verbalizar nuestros temores, están ahí y nos reprimen. Entonces, ¿cómo podemos contrarrestarlos?
La fe en la bondad divina y la convicción de que Él nos quiere bendecir nos ayudan a superar el miedo. En todo caso, esa victoria sobre el temor no puede quedar restringida a la esfera de nuestros pensamientos; no es una cuestión meramente filosófica o espiritual. El Señor en muchos casos espera que encaremos nuestros temores, que actuemos y comencemos a movernos en la buena dirección.
Debemos afrontar nuestros temores y vencerlos, a fin de tener libertad para realizarnos en la vida y llegar a disfrutar plenamente de las experiencias que Dios quiere que tengamos. No obstante, si nos ponemos de forma deliberada en una situación de vulnerabilidad y hacemos eso que nos da miedo, se va volviendo más fácil. A la larga el miedo desaparece. ¡Eso es vencer nuestros temores! [1]
La inactividad genera duda y temor. La acción engendra confianza y valor. Si quieres vencer el temor, no te quedes sentado en casa pensando en el tema. Sal y ponte a trabajar. - Dale Carnegie (1888–1955)
[1] Conéctate Muerte al dragón