A diferencia del elefante…

El gran amor del Señor nunca se acaba y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; muy grande es su fidelidad. - Lamentaciones 3:22,23 (NVI)

Dios no es un elefante, según dicen, el elefante «jamás olvida»; en cambio, Dios nos ama tanto que elige olvidarse de nuestros pecados si pedimos perdón y nos arrepentimos. Incluso se describe a Sí mismo como aquel que borra nuestras transgresiones y «no volverá a acordarse de nuestros pecados.»

Cuesta imaginarse que Dios se pueda olvidar deliberadamente de algo, sobre todo si nos ponemos en Su lugar y nos figuramos haciendo lo mismo con alguien que nos haya agraviado. Podremos decir que hemos perdonado a alguna persona; a veces, sin embargo, enterramos el hacha, pero dejamos el mango fuera, como reza un dicho.

Yo sin duda sé que soy culpable de haber «dejado el mango fuera». Puedo perdonar a una amiga, pero si discutimos o estoy enojada con ella, le echo en cara lo que hizo en el pasado. Eso evidentemente no es perdón verdadero. Por fortuna Dios no se porta así con nosotros.

Independientemente de cuánto nos merezcamos un escarmiento, Dios no mira nuestros pecados, sino que se fija en nuestro corazón y deseos de mejorar. Nos envió a Su único hijo para que al morir en la cruz pagara por los pecados del mundo. Obtenemos perdón gracias a ese magnífico acto de amor. Dios hace con nosotros borrón y cuenta nueva. El verdadero perdón no lleva la cuenta. A diferencia del elefante, Dios perdona y olvida.  [1]

Perdona, olvida. Soporta los defectos de los demás como te gustaría que ellos soportaran los tuyos. - Phillips Brooks

[1] Conéctate Dios no es un elefante

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