Aguanta, amigo mío
¡He aquí, este es nuestro Dios! En él hemos esperado, y él nos salvará. (Isaías 25:9 RVA-2015)
Los que realmente conocen el arte de orar alcanzan tremendas victorias. Tal vez pienses: «Sí. Yo he orado pero todo sigue igual.» Dale tiempo a Dios. Solíamos decir: «Voy a orar hasta conseguirlo». Se refiere a la importunidad.
No se refería a acudir al Señor para pedirle tímidamente cualquier cosilla. Habla de pedir con denuedo y con importunidad, de buscar y de llamar. Podríamos definir dicha importunidad como orar hasta que tengas la certeza de que Dios te ha escuchado.
No puedes elevar una oracioncita a toda prisa y luego quejarte de que Dios no responde. Debes esperar en el Señor y darle una oportunidad. ¿Has llegado al punto en que has orado con tal perseverancia, con tal importunidad, y te has aferrado con tal fervor hasta que estás seguro de que el Señor no ha rechazado tu oración?
Cuando exhibes tal determinación y te aferras a Sus promesas, siempre recibirás una respuesta conforme a lo que Dios considera que es mejor. Aguanta, amigo mío, la victoria está en camino. Dios lo dijo y ha prometido responder nuestras plegarias. «A su tiempo segaremos, si no desmayamos».
La oración insistente es un poderoso movimiento del alma hacia Dios... es la capacidad de perseverar, seguir adelante y esperar. En ella se abarcan el deseo inquieto, la paciencia serena y la fuerza de agarre. - Edward McKendree Bounds
[1] Áncora Importunidad en la oración