Ahora depende de nosotros

El que los recibe a ustedes a mí me recibe, y el que me recibe a mí recibe al que me envió. (Mateo 10:40 RVA-2015)

¿Has pensado en las beneficiosas transformaciones que no se habrían operado de no haber divulgado los discípulos de Cristo lo que habían visto, oído y aprendido mientras estaban con Él? Las enseñanzas que impartió se habrían extinguido con ellos.

Debemos tener presente que el ministerio público de Jesús —de escasos tres años y medio de duración— no quedó documentado en artículos de periódico ni dio la vuelta al mundo en grandes noticieros de TV, como sucedería en la actualidad. ¿Cuántas personas calculamos grosso modo que presenciaron alguna vez un milagro de Cristo o lo oyeron hablar? ¿Cincuenta mil? ¿Cien mil? ¿Cuántos lo vieron morir en la cruz? Unos trescientos o cuatrocientos tal vez. ¿A cuántos se apareció luego de Su resurrección en la mañana de Pascua? El número apenas superó los quinientos.

Si bien Jesús hizo lo que nadie más podía hacer —morir por nuestros pecados—, Sus discípulos también hicieron lo que solamente ellos podían hacer: mantener viva la llama de Su mensaje.

¿Qué habría pasado si, después de la muerte de Cristo, Simón Pedro y sus condiscípulos expescadores hubieran retomado permanentemente su anterior actividad, la pesca?1 ¿Qué habría sucedido de haber retornado Mateo a su trabajo como cobrador de impuestos? ¿Qué habría pasado si el escéptico de Tomás hubiera seguido aferrado a sus suspicacias? ¿Qué habría ocurrido si los discípulos hubieran desoído las instrucciones finales de Jesús poco antes de Su ascensión —que esperaran la promesa del Padre, el Espíritu Santo— y por tanto no hubieran recibido «poder del cielo»? ¿Habría perdurado siquiera el evangelio hasta el día de hoy?

Al conmemorar la resurrección de Cristo esta Semana Santa celebremos también el poder del Espíritu Santo y aclamemos a quienes mantuvieron vivo el evangelio y dieron a conocer a Jesús entre sus semejantes. En aquellos tiempos la misión les fue confiada a ellos; ¡ahora  depende de nosotros!

Jesucristo es el objetivo de todo, y el centro hacia el cual todo tiende. Quien lo conoce, conoce la razón de todas las cosas.- Blaise Pascal

[1]Conéctate ¿Qué habría pasado si…?

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