Apoyándonos en Su Palabra

Desde el extremo de la tierra clamaré a ti cuando mi corazón desmaye. Llévame a la roca que es más alta que yo porque tú me has sido refugio
y torre fortificada. (Salmos 61:2-3 RVA-2025)

En sentido figurado, todos hemos pasado alguna vez por el valle de lágrimas, un lugar de sufrimiento, de pesar, de penalidades, un sitio árido, desértico y polvoriento.

Me recuerda a un amigo mío que ha hecho precisamente eso. Hace un tiempo se enfermó gravemente. Cabía pensar que la vida activa y provechosa que siempre había llevado tocaba a su fin. Él, no obstante, convirtió su valle de lágrimas en una gran bendición. Lo cambió en manantial y, en consecuencia, ha llegado a ser una fuente aún mayor de ánimo para los demás. Permitió que su llanto hiciera aflorar sus mejores cualidades. Transformó su desierto en un hermoso lugar, cavando bien hondo en su corazón y en la Palabra de Dios.

Si eres capaz de afirmarte en las promesas de Dios y confiar en Su bondad aun en tiempos de pesar y angustia, los demás verán tu fe, y será para ti —y también para ellos— como un pozo en medio de un terreno yermo, estéril y duro. Es precisamente en esos casos en que la fe resplandece más que nunca: cuando nos lleva a sobreponernos a las dificultades.

Podemos encontrar fuerzas para salir adelante a pesar de las circunstancias porque contamos con un Dios omnipotente y amoroso y con el sustento de todas Sus espléndidas promesas. «En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó». No tenemos por qué quedarnos en ese valle de desolación, ni limitarnos a soportar nuestras tribulaciones. Acercándonos a Dios y apoyándonos en Su Palabra hallaremos muchos manantiales de aguas vivificantes que Él nos brinda. [1]

En medio del sufrimiento, ora para que la prueba aumente tu capacidad de fe. - Bob O’Bannon

[1] Conéctate El valle de lágrimas

Next
Next

Sus hijos adoptivos