Sus hijos adoptivos
El que no eximió ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas? (Romanos 8:32 RVA-2015)
Con la muerte y resurrección de Jesús se cumplieron las promesas y pactos contenidos en las escrituras judías, ¡y con ello todo cambió! Tras Su muerte y resurrección, el templo dejó de ser necesario, pues los pecados ya no se perdonaban anualmente mediante un sacrificio en el templo, sino que eran perdonados eternamente y de una vez por todas mediante el sacrificio de la muerte de Jesús. El templo dejó de ser la morada de Dios, pues después de Pentecostés, Dios el Espíritu Santo hizo Su morada en los creyentes.
La oportunidad para formar parte de la familia de Dios ahora está a disposición de todos. Se ha concedido a todo ser humano el derecho de convertirse en hijo de Dios a través de Jesús. El Espíritu de Dios morará dentro de todo el que reciba a Jesús y le infundirá poder.
Por ser miembros de la familia de Dios, Sus hijos adoptivos, desempeñamos un papel en el gran relato de Dios, en Su gran amor por la humanidad, Su amor por Sus creaciones. Hemos sido llamados a transmitir este relato a quienes nunca lo hayan oído, a quienes no lo comprendan o a los que les cueste creerlo. Somos embajadores de Cristo, tenemos una relación personal con Dios y la misión que nos ha encomendado el mismísimo Jesús es que transmitamos el mensaje, contemos el relato y les hagamos saber a los demás que ellos también pueden ser parte de la familia de Dios, que pueden hacerse parte del reino de Dios, de Su nueva creación. Sus pecados pueden ser perdonados, basta con que la pidan. [1]
Como hijos de Dios, nos convertimos en coherederos con Cristo. Tenemos la seguridad futura de ser glorificados junto con Cristo y recibir todas las bendiciones de la herencia de Dios. - Philip Mullan
[1] Áncora El Evangelio de salvación