Bastante onerosas de por sí
[Dios] hace salir Su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:45)
Con frecuencia nos empeñamos en eliminar todo sufrimiento de nuestra vida, sin darnos cuenta de que así nos causamos un mal mayor. Es fácil olvidar que las dificultades y las pruebas son parte integral de la vida y pueden tener efectos positivos. Adoptamos la mentalidad de que los apuros son señal de que algo anda mal en nuestra vida, de que la buena suerte de alguna manera nos elude o de que Dios se ha apartado de nosotros.
Cristo echó por tierra ese razonamiento al afirmar que tanto el bien como el mal están generosamente distribuidos por el mundo, sin reparar en las inclinaciones religiosas o morales de las personas.
«En el mundo tendréis aflicción», dijo Jesús. Dicho de otro modo, los problemas no son golpes de mala suerte, sino que los tenemos garantizados. En realidad nuestras tribulaciones pueden ayudarnos a revaluar nuestra vida, despojarnos de mentalidades anacrónicas y descubrir lo que queremos priorizar.
Las dificultades ya son bastante onerosas de por sí, sin necesidad de agregar una carga de culpa. Podríamos crecer mucho más si aceptáramos las adversidades como experiencias didácticas, como momentos de profundo significado que nos preparan para ayudar a otros. [1]
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Por muy frío que se vea todo en el invierno, el sol no nos ha abandonado. Apenas se ha retirado por un rato, y por buenos motivos, uno de los cuales es que aprendamos que no podemos sobrevivir sin él. - George MacDonald (1824–1905)
[1] Conéctate Incendios forestales