“Cuerpo de resurrección”
Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. (1 Juan 3:2 RVR1995)
Sabemos que, durante la vida de Jesús en la tierra, Su cuerpo mortal era idéntico al nuestro, y ese cuerpo murió. En el momento de Su resurrección emergió de la tumba con un cuerpo nuevo, a menudo llamado cuerpo de resurrección. Aquel cuerpo era bastante diferente a Su antiguo cuerpo y sin embargo guardaba una gran similitud. Lo reconocieron de inmediato como un ser humano, pero no fue aparente para quienes lo vieron que en realidad era Jesús resucitado.
Jesús, en Su cuerpo resucitado, no resultó inmediatamente reconocible. Algunos de Sus discípulos caminaron con Él durante más de 10 kilómetros y ni se les pasó por la cabeza que fuera el Salvador.
Jesús desapareció en un relato y tenía la habilidad de aparecer en un cuarto cerrado. Sin embargo, nuevamente vuelve a mencionarse que Su apariencia era distinta. En esa ocasión pensaron que se trataba de un fantasma. Jesús tuvo que mostrarles las heridas para convencerlos que en realidad era Él.
Sin embargo, la característica más impresionante de ese cuerpo resucitado es su inmortalidad, y así serán nuestros cuerpos resucitados: «Así sucede con la resurrección de los muertos: se siembra algo corruptible, resucita incorruptible. […] Cuando este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad, cuando este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que dice la Escritura: “La muerte ha sido devorada por la victoria”» (1 Corintios 15:42,54).
Imaginen por un momento la vida en un cuerpo inmortal. ¡Solo consideren las posibilidades! [1]
Tras la muerte comienza algo nuevo, sobre lo cual los poderes del mundo de la muerte ya no tienen dominio alguno. - Dietrich Bonhoeffer
[1] Áncora Nuestros cuerpos del mañana