Damos vivo ejemplo
El amor de Cristo nos obliga. (2 Corintios 5:14 NVI)
La esencia de la vida cristiana es manifestar el amor de Dios a las personas que Él a diario pone en nuestro camino. Sean cuales sean las vías concretas que Dios nos indique para transmitir Su amor en nuestra parte del planeta, Él nos ha llamado a ser «la luz del mundo» y dice que «ha de lucir [nuestra] luz ante los hombres, para que, viendo [nuestras] buenas obras, glorifiquen [al] Padre, que está en los cielos».
A lo largo de los siglos, desde los albores del cristianismo, han sido muchas las ocasiones en que los cristianos fueron considerados una fuerza positiva en sus respectivas colectividades, y de esa manera dieron a conocer su mensaje. Incluso cuando las otras personas no adoptaban la fe cristiana ni comprendían la religión que profesaban ellos, incluso cuando la sociedad los persiguió y los difamó, sus gestos amables y sus buenas obras claramente brillaron ante todos y suscitaron en la gente el deseo de entender qué los hacía destacarse tanto del resto.
Si cada uno de nosotros procura tender la mano a sus vecinos y ofrecer asistencia —de índole espiritual, práctica o de ambos tipos— a las personas con las que Dios hace que entre en contacto, si nos esforzamos por manifestar el amor de Dios a los demás y mejorar su calidad de vida en la medida de nuestras posibilidades, ese buen ejemplo cundirá y será como una «luz sobre el candelero».
Al salir al encuentro de nuestros vecinos y traducir nuestra fe en acciones tangibles que expresen nuestro amor y preocupación por los demás, damos vivo ejemplo del amor de Dios. Al obrar así, llevamos a la práctica el amor de Dios. [1]
El menor acto de amabilidad vale más que la mayor intención. Gibran Jalil Gibran (1883–1931)
[1] Conéctate Como vela en candelero