Entregando por Jesús
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (Mateo 16:24 RVA-2015)
Pablo dijo: «Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, el de compartir las buenas nuevas del evangelio de la gracia de Dios». En la mente de Pablo, lo que le dio valor a su vida no era la promesa de una vida larga y cómoda, sino cumplir con la tarea que Dios le había encomendado.
Cuando Jesús dijo a Sus discípulos que si querían seguirlo tendrían que negarse a sí mismos y llevar su cruz, sospecho que los discípulos no entendieron por completo el significado de Sus palabras. Hay que recordar que ni siquiera Jesús había tomado aún Su cruz literalmente. Más tarde, cuando reflexionaron sobre lo que les había dicho, esas palabras tuvieron un impacto incluso más profundo.
En la misma charla, Jesús siguió diciendo: «Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por Mi causa, la salvarás». He descubierto que es importante que periódicamente me pregunte si me estoy aferrando a mi vida o si la estoy entregando por Jesús.
Esto no quiere decir que debo tratar de arriesgarme más de la cuenta o imponerme cosas dolorosas, sino más bien estar segura de que no estoy dejando de hacer lo que Dios necesita que haga, sea lo que sea. [1]
Así pues, regocijarse y renunciar son dos caras de una misma moneda. Si vamos a regocijarnos en nuestra esperanza celestial —el hecho de que nuestra recompensa es grande en el Cielo—, debe ser porque en última instancia hemos renunciado a nuestras vanas esperanzas en las cosas de este mundo. - Jonathan Parnell
[1] Áncora El valor del sacrificio