Dios está con nosotros
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre. (Salmo 23:2-3 RV1960)
Me encanta el Salmo 23, me di cuenta de que en cierto modo es como un resumen de la vida. En apenas seis versículos se pinta un breve panorama de los ciclos de la vida: los altibajos, los buenos y los malos momentos, la tranquilidad y el caos. Sin embargo, en todo tiempo hay algo que perdura: la presencia de Dios. La verdad inmutable y permanente: «El Señor es mi pastor; nada me faltará».
Soy más dada a sentir la presencia del Señor en las temporadas de paz y abundancia. No habiendo muchas necesidades, tengo más confianza en que Él está presente y me acompaña. En esas épocas casi no necesitamos que se nos recuerde que Dios está con nosotros, porque ya lo percibimos, recostados en los delicados pastos, junto a aguas de reposo.
No obstante, cuando todo se desbarajusta y mis planes se van al traste —es decir, cuando paso por un valle tenebroso—, Su presencia se hace mucho más difusa. El rey David conocía bien lo que era pasar por esos trances. Será por eso que en el versículo cuatro evoca la presencia del Señor: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento».
Dios está con nosotros y nos reconforta, aunque no sintamos Su presencia con la misma intensidad. Puede que el cruce del valle de sombras sea un poco más largo de lo que esperábamos, pero Él siempre nos acompaña. [1]
Por Su amor y Su gracia, perseveramos. Los desafíos que nos producen un nudo en el estómago indefectiblemente fortalecen nuestra fe y nos comunican una sabiduría y una dicha que de otra forma no conoceríamos. - Tony Snow
[1] Conéctate Mientras llego a lugares apacibles