El sencillo principio de confiar
Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7 RVA-2015)
Hace poco leí una frase que me hizo reflexionar: «He aprendido dos cosas. Hay un Dios y no soy yo».
Cuando comenzamos a pensar o a analizar minuciosamente algunos cambios que el Señor trae a nuestra vida, o el nuevo rumbo en que el Señor nos lleva, empezamos a preguntarnos por qué Dios hace lo que hace. Por qué nos indica que dejemos ciertas cosas a las que tal vez nos hemos aferrado por años, o por qué nos pide que modifiquemos la manera en que siempre hemos hecho algo.
A veces tal vez les parezca que quieren que los cambios ocurran con mayor rapidez, mientras que otras veces es posible que les parezca que los cambios deben hacerse más gradualmente. Quizás estén contentos con que un determinado tema o asunto se aborde o se cambie, mientras que otras veces tal vez prefieran que todo siga como está o les horroriza pensar en que algo cambie en cierto terreno. Es posible que al principio tengan la sensación de que no saben nada de algo que sería útil saber, o que no entienden con claridad el camino a donde dirige el Señor y les preocupa cómo resultarán las cosas.
Estuve pensando sobre esto. El meollo del asunto es el sencillo principio de confiar en que el Señor lleva las riendas. La verdad, como se expresó en esa frase, es que Dios es Dios y nosotros no lo somos. Tener la madurez espiritual para confiar en el Señor y seguir Sus indicaciones, incluso cuando no lo entendamos todo, es fundamental en el cristianismo, el discipulado y la fe. [1]
La verdadera fe entra en acción cuando no hay respuestas. - Elisabeth Elliot
[1] Áncora Dios es Dios